Alianza Alimentación con Propósito
A pesar de los avances significativos en el tratamiento y manejo del VIH, esta condición sigue representando desafíos en términos salud pública y calidad de vida.
Según datos recientes, 39 millones de personas en todo el mundo viven con esta condición, y más de un millón recibieron un nuevo diagnóstico en 2023.¹ Estas cifras resaltan la necesidad de considerar estrategias integrales tanto para prevenir nuevos casos como para tratar
adecuadamente a quienes ya tienen un diagnóstico. En este contexto, la nutrición juega un papel clave para las personas que viven con VIH.
La relevancia de la nutrición en personas con VIH
Una nutrición adecuada es importante para todas las personas, pero adquiere una relevancia mayor para quienes viven con VIH. En primer lugar, esta enfermedad compromete el sistema inmunológico, por lo que el organismo debe consumir más energía y nutrientes para mantener sus defensas. Según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida, los adultos con VIH necesitan entre un 10 y un 30 % más de energía, mientras que los niños con este diagnóstico requieren entre un 50 y un 100 % más de nutrientes.²
Además, el VIH y los medicamentos para tratarlo pueden afectar la ingesta de nutrientes, al causar disminución del apetito, fatiga, inflamación bucal, náuseas y vómito, entre otros síntomas. De igual manera, la absorción de alimentos a menudo se ve afectada, pues la infección puede dañar las paredes del intestino, lo que genera complicaciones con la digestión de la comida. ³
Es común que las personas que viven con VIH experimenten pérdida de peso y, en algunas
instancias, desarrollen síndrome de desgaste (pérdida extrema de peso)⁴. En estas situaciones, los Alimentos con Propósitos Médicos Especiales (APMES) ayudan a garantizar una nutrición
adecuada para mantener un estado de salud óptimo cuando los pacientes no pueden alimentarse de manera convencional o tienen dificultades para absorber nutrientes. Estos productos son
recomendados por un profesional de la salud con base en una evaluación personalizada y se administran durante el tiempo necesario para ayudar al paciente a cumplir con sus objetivos terapéuticos.
En este sentido, la evaluación e intervención nutricional adecuadas y oportunas pueden mejorar la
respuesta al tratamiento y la calidad de vida de los pacientes con VIH,⁵ evidenciando que un acompañamiento por parte del profesional en nutrición desempeña un papel fundamental en la vida de quienes viven con esta condición. Estudios demuestran que una buena nutrición mejora
significativamente la adherencia al tratamiento antirretroviral, aumentándola del 47 % al 70 %. ⁶
Hacia un enfoque integral y colaborativo
A pesar de los avances, existen numerosos desafíos para garantizar una nutrición adecuada en
pacientes con VIH. Aunque existen guías para el manejo nutricional, los programas actuales no
abordan completamente las necesidades específicas de cada persona. Por ejemplo, las barreras
sociales y económicas a menudo dificultan el acceso a una alimentación adecuada.
Por lo anterior, es fundamental que las personas que viven con VIH accedan a un plan nutricional
sostenible a largo plazo, adaptado a sus necesidades individuales y complementado con
educación sobre el tema. Cuando los pacientes comprenden cómo la nutrición impacta su salud,
incrementa su adherencia a las recomendaciones del personal médico, por lo tanto, su calidad de
vida mejora significativamente.
No obstante, datos de la Red Latinoamericana de Personas con VIH (RedLa) evidencian que el 53
% de los pacientes no recibe servicios de atención nutricional, un 14,6 % considera que no los
necesita y solo un 6,8 % accede a esta atención de manera anual. En Colombia, el panorama es
complejo, ya que el 35 % de las personas encuestadas manifestó no recibir atención nutricional. ⁷
Finalmente, el camino hacia una mejor atención para las personas que viven con esta condición
guarda relación con la conciencia y el trabajo conjunto entre la comunidad, los cuidadores y los
profesionales de la salud. La nutrición no es solo una herramienta, sino un elemento esencial para
garantizar el bienestar a largo plazo de quienes viven con VIH.