Alianza Alimentación con Propósito
La sarcopenia es una condición asociada al envejecimiento que se caracteriza por la disminución progresiva de la masa muscular, la fuerza y el rendimiento físico. Se considera una de las principales causas de deterioro funcional y pérdida de independencia en los adultos mayores1. Sus efectos trascienden la capacidad física, ya que la evidencia científica muestra que se asocia con un mayor riesgo de fragilidad, caídas y hospitalizaciones, situaciones que pueden afectar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen1.
Se estima que la prevalencia de baja masa muscular a nivel mundial está entre el 10 % y el 25 %, aunque esto puede variar según la edad, el contexto y los criterios utilizados para su diagnóstico2–3. La pérdida de tejido muscular comienza de manera progresiva alrededor de los 30 años y puede acelerarse con el envejecimiento. En este proceso también influyen factores como el sedentarismo, las enfermedades crónicas y un estado nutricional inadecuado, que pueden favorecer la aparición y progresión de la sarcopenia2–4.
En este contexto, la nutrición adquiere especial relevancia. Una revisión y metaanálisis reciente encontró que el 26,6 % de los adultos mayores con sarcopenia presentan malnutrición, lo que refuerza la importancia de incorporar el componente nutricional en el abordaje integral de esta condición5.
Nutrición, una herramienta clave para la salud muscular
La nutrición desempeña un papel esencial en el mantenimiento de la masa y la función muscular durante el envejecimiento. Un aporte adecuado de nutrientes, especialmente de proteínas, es fundamental y hace parte de algunas de las estrategias para el abordaje de la sarcopenia. La evidencia señala que las intervenciones nutricionales, según cada caso, deben considerar también el aporte suficiente de energía y otros nutrientes necesarios para mantener la salud muscular3.
En este sentido, el manejo nutricional debe partir de una valoración individual que permita identificar las necesidades de cada paciente. Factores como la edad, el nivel de actividad física, el estado nutricional y la presencia de enfermedades de base pueden modificar los requerimientos y afectar la ingesta o el aprovechamiento de los nutrientes. En personas con sarcopenia o riesgo de desarrollarla, esta evaluación permite definir intervenciones acordes con sus condiciones y objetivos2.
Cuando la alimentación convencional o modificada no logra cubrir los requerimientos nutricionales del paciente, se puede considerar, como parte del manejo integral, el uso de Alimentos con Propósitos Médicos Especiales (APMES). Estos productos están diseñados para responder a necesidades específicas asociadas a determinadas condiciones de salud. En el contexto de la sarcopenia, pueden hacer parte de un abordaje individualizado cuando así lo determine el profesional de la salud, respondiendo a una valoración nutricional.
Por otro lado, la intervención nutricional no debe considerarse de manera aislada. Su integración con la actividad física, particularmente con ejercicios de fuerza o resistencia, constituye un componente relevante del abordaje de la sarcopenia, al contribuir al mantenimiento de la masa muscular, la fuerza y la función física a través del paso de los años3.
Finalmente, reconocer la sarcopenia como una condición que puede prevenirse y que requiere un manejo terapéutico oportuno permite pasar de una aproximación centrada únicamente en los cambios propios de la edad a una atención orientada a preservar la funcionalidad. En línea con esto, la identificación temprana del riesgo y la intervención nutricional adecuada pueden contribuir a mantener el bienestar de las personas mayores.
2 Calvani, R., Picca, A., Coelho-Júnior, H. J., Tosato, M., Marzetti, E., Landi, F. Diet for the prevention and management of sarcopenia. Enlace
3 Ali, S., & Garcia, J. M. Sarcopenia, cachexia and aging: Diagnosis, mechanisms and therapeutic options. A mini-review. Gerontology, 60(4), 294–305, 2014. Enlace